ESCAPADAS

Un día en Baiona

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Pasamos un día en Baiona, perdiéndonos por sus callejuelas medievales y comiendo  jamón, chocolate y crepes

 

Érase una vez una ciudad de colores que olía a mar y sabía a chocolate y chantilly. Entre ríos y callejas, no había sitio para el ruido. Erase una vez Bayona, nuestra primera escapada fuera de Bilbao. ¿Vienes?

Los ríos Adour y Nive dibujan el plano de Bayona y la dividen en 3 barrios: Gran Bayona, Petite Bayona y Saint-Esprit. Con sus callejuelas adoquinadas y sus fachadas de estilo medieval llenas de contraventanas de colores, parece que la ciudad decidió quedarse en algún punto del pasado y no dejar entrar los humos, los ruidos, las prisas y todos esos avances modernos que hacen que todo vaya más rápido pero que sea menos auténtico.

 

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Es un privilegio tener tan cerca de casa la ciudad en la que empezó a ‘cocinarse’ la Revolución Francesa, la capital europea del chocolate tradicional, la Venecia francesa según algunos. Deberíamos aprovecharlo ¿no crees?

Nos separa una hora y media de coche. Sí, nos va a tocar sufrir un poco la A-8 y su oneroso peaje, y una vez pasada la frontera, te recomiendo que continúes por autopista hasta Bayona. Te costará 3,5 euros más pero te ahorrarás varios cientos de rotondas y mucho tiempo.

 

Una vez en la ciudad, ten en cuenta que el centro de Bayona es totalmente peatonal. Por esta razón, hay varios aparcamientos fuera del casco histórico donde deberás dejar tu coche.

 

Te recomiendo, por cercanía, el aparcamiento Charles de Gaulle, junto al río Adour, o el parking Paulmy, frente a las murallas. Están bien señalizados, son baratos y cómodos. No te compliques la vida.

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Una vez solucionado lo del coche, vamos a dar un paseo por la Gran Bayona, el barrio histórico por excelencia. Todas esas fachadas que te irán sorprendiendo a cada paso se levantaron entre los siglos XIV y XVI y ahí siguen orgullosas de sus colores y sus líneas imperfectas.

Vete callejeando. En Bayona lo mejor es perderse y dejarse sorprender. Si te apetece tomar algo, el barrio está plagado de bares y cafés. No dejes de echar un vistazo en La Belle Iloise (Rue du port de castets). Tienen todo tipo de conservas delicatessen a buen precio y no venden fuera de Francia.

En la zona alta del barrio te recibirá imponente la catedral gótica de Saint-Marie. No te pierdas su claustro porque es uno de los más vastos de toda Francia.

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Crepes en A La Bolée

 

Seguramente sea ya mediodía. No apures a la hora de comer, que estamos en Francia y los horarios son un poco distintos.

Ya que estamos junto a la catedral, te recomiendo que te sientes a la mesa de la crepería y salón de té A La Bolée. Está justo al lado del templo, en el número 10 de la plaza Pasteur, y es fantástica.

El local es Kid-friendly. Tienen tronas, cambiador y un espacio preparado para dejar sillas de niño, puesto que no hay mucho espacio entre las mesas. También tienen menú infantil para menores de 12 años. Son increíblemente amables y se esfuerzan por hablar en castellano. A La Bolée siempre está lleno, pero hay mucha rotación, así que pregunta para que te guarden una mesa.

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¿Qué se pide en A La Bolée? Crepes salados y dulces. A los salados les llaman ‘galettes de ble noir’ y van acompañados de ensalada verde y los ingredientes que prefieras. Puedes añadirle el famoso jamón de Bayona o, mi favorito, el crepe de salmón ahumado, crema y tomate.

 

Para beber, puedes probar la sidra bretona. Es lo más típico. La sirven en jarritas y tazas de cerámica y es una sidra más dulce y burbujeante que la nuestra.

 

Si quieres postre, los crepes dulces de A La Bolée están a otro nivel. Además de los crepes básicos, tienes otros de frutas caramelizadas y flameados con licor que son una delicia. Si no sabes con cuál quedarte, elige alguno con chocolate y crema chantilly. Sin palabras.

 

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Después de comer, vamos a bajar de nuevo al río. En la otra orilla nos aguarda la Petite Bayonne, un maravilloso entramado de callejuelas medievales. En esta zona no hay tanto comercio, pero sí muchos bares. Simplemente camina con los ojos bien abiertos porque vas a ‘fundir’ la memoria de la cámara de fotos.

Lo mismo puedes toparte con un callejón dedicado en exclusiva a la venta de ropa militar, que un taller de cestería o el trinquete antiguo de Bayona. En este barrio también están el Museo Vasco y el Museo Bonnat-Helleu, ahora cerrado por obras.

Después del paseo, vamos cruzar otra vez el río de vuelta a la Gran Bayonne porque aún nos queda lo mejor.

 

Chocolate en Cazenave

 

La capital europea del caco no está en Bélgica, no. Tampoco en Suiza. Es en Bayona donde los judíos introdujeron el cacao y donde siguen mimándolo a la vieja usanza, como se servía en el siglo XVII. Nada de tabletas. En taza, amargo y un poco picante.

Y si hablamos del chocolate en Bayona, hablamos de la maison Cazenave. que lleva más de 150 años fabricando y sirviendo el mejor chocolate de la ciudad. Después nuestro paseo, serán más o menos las 5 de la tarde: el momento perfecto para entrar en Cazenave (Rue Port Neuf)

 

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Así sirven el chocolate. Poco más que añadir a esa imagen de su ‘chocolat mousseux’, espumoso, brllante, batido manualmente taza por taza.

 

Sólo en Cazenave trabajan aún con habas de cacao, importadas de Venezuela, Costa Rica y Trinidad. Las aplastan y muelen hasta convertirlas en polvo. Después lo mezclan con vainilla canela y leche fresca de granjas cercanas.

 

Lo sirven en esas tazas floreadas de porcelana de Limoges en un salón de té que merece una visita.
Sus paredes forradas de espejos, vidrieras del siglo XIX y un buen número de señoras que no perdonan su dosis diaria de cacao.

 

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Lo más típico es pedir la ‘fórmula Cazenave’. Llegarán a la mesa dos tostadas francesas de mantequilla, un pequeño cuenco con chantilly, la taza de chocolate espumoso y una jarrita para repetir.

No es barato. Si no me falla la memoria son 9,50 euros, pero merece la pena. Al menos, no te marches de Bayona sin probar una taza de su chocolate caliente.

Si vas con un bebé, dentro del salón hay poco espacio, pero tienen terraza exterior.

 

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Después de esta merienda tendrás una sonrisa de oreja a oreja toda la tarde. Si te apetece, da un último paseo antes de volver al coche. La zona comercial estará a pleno rendimiento. Empápate de ese ambiente especial que se respira, de esas buardillas tan francesas, de esos colores tan nuestros.

Bayona es el lugar perfecto para romper la rutina y evadirse de todo por un día. Es como pasearse entre las páginas de alguna novela de mosqueteros. Y como todos los libros, nuestra excursión llega a su fin.

 

¿Qué te ha parecido nuestra primera escapada? 

  

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